La Argentina Manuscrita

Capítulo II

Cómo el Gobernador envió al capitán a despachar la nao que vino de Castilla al puerto de San Gabriel

Pocos días después de la llegada de con el Obispo, don , llegó del Brasil con el duplicado del pliego de Su Majestad, para el Gobernador, en que venían otras cédulas y provisiones reales, en conformidad de las nuevas ordenanzas que Su Majestad hizo en Indias; con algunas bulas apostólicas, e indulgencias concedidas a las iglesias y cofradías de aquella ciudad, en especial a la iglesia de Santa Lucía, a quien fueron concedidas grandes y plenarias indulgencias, de que recreció a todos los fieles suma devoción y consuelo. Y habiendo de dar cuenta a Su Majestad del estado de la tierra en la nao que quedó en la boca del Río de la Plata, en la isla de San Gabriel, se despachó al capitán con los pliegos y despachos que se enviaron al real consejo; y para que bajo de sus órdenes fuesen los pasajeros que habían de ir a Castilla, y traer todo lo que en la nao había quedado de armas y municiones de Su Majestad, que enviaba para el sustentó y conquista de está Provincia. Y así salió de esta ciudad en un bergantín, con una compañía de soldados, donde así mismo iba el capitán para Castilla, por orden del Rey, y don , la comisión y despacho conveniente; en virtud de la cual, habiendo llegado donde estaba la nao proveída de lo necesario, embarcó la gente y pasajeros y la despachó. También se embarcó en este navío en su bergantín el río arriba, trayendo en su compañía las personas que habían venido de Castilla, y quedaron en la nao: entre los cuales venía el capitán . Llegó a la Asumpción este hidalgo portugués, que había ido por capitán en la carabela en que fue preso , y por orden de Su Majestad volvió por piloto mayor de la armada a esta provincia, que con próspero suceso hicieron su viaje hasta tomar la boca del Río de la Plata. Fueron repartidas muchas de dichas armas a los soldados y personas que las habían menester, en moderados precios, con acuerdo y parecer de los oficiales reales y del Gobernador. Después de lo cual despachó a la provincia de Guayra, para que redujese a los naturales de aquella tierra, y remediase el desorden de los portugueses del Brasil que tenían entrado en los términos de este gobierno, asaltando los pueblos de los indios naturales, para llevarlos presos y cautivos al Brasil, donde los vendían y herraban por esclavos. Y con esta orden salió con una compañía de soldados, y llegó al río del Paraná, poniendo en orden aquella tierra, y procurando conservar la paz y amistad de los naturales; y con su acuerdo pasó adelante, y entró por otro río que viene de la costa del Brasil, llamado Paranapané, muy poblado de grandes y gruesos pueblos, de quienes fue bien recibido: y dejando este río, navegó por otro, que entra en él a mano derecha, llamado Atibajiba, muy caudaloso y corriente de muchos arrecifes y saltos, todo el poblado de una multitud de indios: y pasando por ellos, llegó a los fronterizos, que estaban con fuertes palizadas, por sus enemigos y , determinaron dar sobre él; y un día, estando alojado, acometieron al real gran multitud de indios, inducidos de un hechicero que ellos tenían por santo, llamado no se hubiera fortificado, sin ninguna duda los acabaran aquel día: mas defendiéndose los nuestros con gran valor, fue Dios servido librarlos de este aprieto, donde mataron muchos enemigos, con pérdida de alguna gente de la nuestra, y de tres españoles. Y saliendo de este distrito, bajó a unos palmares que cortan aquella tierra, muy ocupada de pueblos de indios, con los cuales tuvo algunos reencuentros; y pacificándolos con buenas razones y dádivas, los redujo y dejó en paz y quietud, trayendo consigo algunos indios principales, y, cabezas de aquella tierra a la ciudad de la Asumpción, donde todos ellos fueron bien recibidos y tratados del Gobernador.

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