La Argentina Manuscrita

Capítulo XII

De la población del río de San Juan, y de cómo no se pudo sustentar, y de la pérdida de la galera

Después que el general Domingo de Irala volvió de la Mala Entrada, propuso a los oficiales reales de Su Majestad la grande importancia que había de tener poblado un puerto para escala de los navíos en la entrada del Río de la Plata; y de acuerdo de todos fue determinado se pusiese en efecto. Para lo cual nombraron el capitán , hombre principal y honrado; y juntando en su compañía ciento y tantos soldados, salió de la Asumpción en dos bergantines hasta ponerse en el paraje de Buenos Aires: y tomando a mano izquierda a la parte del Norte, paso cerca de la isla de San Gabriel y entró por el río del Uruguay, donde a dos leguas surgió en el río de San Juan, y allí determinó de hacer la fundación que le estaba cometida: y puesto en efecto, nombró sus oficiales y regidores, llamándole la ciudad de San Juan, cuyo nombre quedó hasta ahora a aquel río. Pasado algún tiempo, los naturales de la tierra procuraron impedir la fundación, y hicieron muchos asaltos a los españoles, que no les daban lugar a hacer sus sementeras: por cuya causa, y por el poco socorro y recurso que tenían, padeciendo mucha necesidad y hambre, y haciéndolo saber al General, fue acordado despachar una persona de satisfacción para que viese y considerase el estado de este negocio, y las dificultades que se ofrecían, y conforme a ellas se hiciese lo que más triste conviniese. Para cuyo efecto se cometió al capitán , el cual saliendo de la Asumpción en un navío, que llamaban la galera, con 60 soldados, y discurriendo por su camino, antes del río de las Palmas, entró por el de las Carabelas que sale al propio Uruguay poco más adelante que el de San Juan; y atravesando aquel brazo llegó a este puerto con mucho aplauso de toda la gente. Hallola muy enflaquecida; y que estaba desconfiada de poder salir de allí con vida, con los continuos asaltos que los indios les daban: por cuya causa, y otras de consideración bien vistas, fueron todos de acuerdo de desamparar por entonces aquel puerto, y se metieron con toda la gente en los navíos que allí tenían; y subiendo río arriba llegaron una mañana a tomar tierra sobre unas barranqueras muy altas y despeñadizas, donde quisieron descansar y comer un bocado, haciendo fuego para guisar. Y estando quince o diez y seis personas sobre aquellas barrancas, se desmoronaron súbitamente, y cayeron hasta dar en el agua, llevándose consigo toda la gente que arriba estaba: los cuales sin escapar ninguno se despeñaron y fueron abogados, habiendo sido el derrumbo de la tierra tan grande, que alteró todo el río, y le movió de tal manera que la galera que estaba cerca, fue trabucada como si fuera cáscara de avellana; y vuelta boca abajo, con la quilla arriba, fue por debajo del agua más de mil pasos río abajo, hasta que topando el mástil con un bajo, se detuvo en una punta. Donde llegando toda la gente la volvieron boca arriba, y hallaron una mujer que había quedado adentro, siendo Dios servido no se hubiese ahogado en todo este tiempo; en el cual no fue menos el peligro que los demás padecieron con los indios enemigos, que al mismo punto que esto sucedió fueron acometidos de ellos, viendo la ocasión tan a propósito para hacerles algún perjuicio: y peleando con ellos los nuestros con gran valor, fueron resistidos y ahuyentados, y con la buena diligencia y orden de los capitanes, fue Dios servido de librarlos de tan manifiesto peligro. Lo cual sucedió el año de 1552, primero de noviembre, día de Todos los Santos; y otras veces este mismo día han sucedido en esta provincia grandes desgracias y muertes: por cuya razón guardan en ella inviolablemente la festividad de dicho día y su víspera hasta el otro siguiente, sin moverse en cosa ninguna, aunque sea de necesidad muy precisa: con que, gracias a Nuestro Señor, se ha visto por evidencia el favor y auxilio con que la Divina Majestad la está socorriendo y ayudando.

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