La Argentina Manuscrita

Capítulo IX

Cómo el capitán despachó a España a , y de cómo se perdió; y vuelta del General

Luego que , crueles y bárbaros. Y para poderlo hacer, cortaron el mastelero mayor, y con tablas y maderas hicieron una gran balsa juntamente con el batel, para que pudiesen atravesar aquel brazo y salir a tierra. Y cesando un poco la tormenta, tuvieron lugar de poderlo hacer y tomar la costa, adonde luego acudieron los indios que corren por toda ella; y haciendo un reparo entre el río y la barranca, se pudieron guarecer de la furia de ellos. Y caminando aquella noche por la costa arriba en busca del bergantín, dieron en unas lagunas, en que pasaron mucho trabajo para atravesarlas a nado; y aquella misma noche sobrevino de la parte del Sud otra mayor tormenta que la pasada, que desencalló la carabela de donde estaba, y dio con ella hecha pedazos en aquella costa, con la cual esta misma noche vinieron a topar con gran espanto y admiración de todos. Y cerca del día prendieron dos indios pescadores, de quienes supieron de cómo el bergantín estaba recogido en una caleta, dos leguas adelante; y por darle alcance, salid luego con un compañero a dar aviso de lo que pasaba: por manera que con esto fue Dios servido poder tener embarcación en que volverse todos a la Asumpción, como lo hicieron al tiempo que el general Domingo de Irala había ya vuelto de la jornada: y como en el capítulo pasado referí, todo el campo le había tornado a reconocer por superior, y pedídole perdón los culpados de la desobediencia pasada. El cual, habiendo llegado cuatro leguas de la Asumpción, le salieron todos a recibir, reconociéndole por su General y Justicia mayor, sin que el capitán fuese parte para otra cosa. Y así determinó salirse luego del pueblo con todos sus amigos, no le osando aguardar ni resistir en aquel puesto; y entrándose por los pueblos de indios del Ibitiruzá, y tierras del Acay, se hizo fuerte. No mucho después llegaron a la Asumpción el capitán , y , que venían del Perú, de aquel despacho que hizo al presidente : los cuales volvían muy aderezados de vestidos, armas y otros pertrechos de sus personas, con socorros y ayudas que para ello se le mandó dar. Traían en su compañía de aquel reino al Capitán , un hidalgo honrado de la provincia de Guipúzcoa, que había sido soldado imperial en Italia, y de los antiguos de las Indias; con quien juntamente venían , , , de Trujillo, y otros muchos, que por todos eran más de cuarenta soldados. Metieron de esta jornada en aquella provincia algunas cabras y ovejas, y habiendo tenido en el camino con los indios muchos reencuentros y escaramuzas, rompieron por muchos pueblos, y llegando a cierto paraje, una noche fueron cercados de más de treinta mil indios: y estando para acometer al real, y darle asalto, no lo osaron hacer, porque entendieron ser sentidos, por haber oído toda aquella noche los balidos de los cabrones con las cabras, creyendo eran los españoles que estaban puestos en arma, por cuya causa se retiraron. Recibida de toda esta compañía, fueron muy satisfechos de no haber estado en su mano poderles aguardar, como quedó dicho, por las causas referidas. Pero, pasados algunos días, personas mal intencionadas se conjuraron en dar de puñaladas a Domingo de Irala, siendo autores de este negocio el , , y el sargento , con otros que habían ido del Perú: y siendo el negocio descubierto, fueron presos, y averiguada la verdad, se dio garrote a y al : usando con los demás culpados de clemencia, fueron perdonados; no cesando sin embargo de esto, algunos intentos apasionados, que no dejaban de tener a la república muy turbada. En especial el capitán hacía instancia en pedir la muerte de don , por haberse casado en este tiempo con , su hija; y siguiéndose la causa contra los agresores, salieron en busca de ellos como a perturbadores de la paz, y tumultuarios de la república. Fueron presos y , y luego ahorcados; y otros que fueron habidos, fueron puestos en estrecha prisión; especialmente , que por cierta ventura fue libre de ella, echándole fuera un negro esclavo de .

Visto por algunos caballeros, que andaban en estos desasosiegos, el riesgo de sus vidas, y el poco fruto que hacían en andar retirados de la obediencia de quien estaba en nombre de Su Majestad, acordaron de reducirse a su servicio, y a la paz general de la república: y habiéndose tratado por mano de religiosos y sacerdotes, hallaron en el General muy entera voluntad; y venido al fin de este negocio, para más confirmación de ella se concertó que y , casasen con dos hijas del General; y lo mismo hicieron con otras el capitán y : con cuyos vínculos vinieron a tener aquellos tumultos el fin y concordia que convenía con verdadera paz y conformidad; en que fue Su Majestad muy servido con gran loa y crédito del celo y cristiandad de . Solo el capitán con algunos de sus amigos quedaron fuera de esta confederación, queriendo sustentar su opinión, porque le pareció no le convenía otra cosa, ni le era muy segura, por tener contra sí a , yerno de don , a quien él hizo degollar.

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