La Argentina Manuscrita

Capítulo VIII

De lo sucedido en este tiempo en la Asumpción, y de la elección del capitán ; y cómo cortaron la cabeza a don , etc.

En tanto que las cosas referidas en el capítulo precedente pasaban en la jornada de , sucedieron en la Asumpción otras novedades, que causaron adelante mayor inquietud: siendo el principio de ellas, de que don , lugarteniente de , visto que había más de año y medio que era salido a su jornada, y no volvía, propuso que los conquistadores que con él habían quedado, eligiesen quien los gobernase en justicia, por parecer y consejo de sus amigos y aficionados; que le decían, que un caballero de sus partes y nobleza, no era razón fuese inferior a otro ninguno: y pues en él concurrían tantos méritos, hiciese su negocio sin otro ningún respeto, pues la ocasión y ausencia del General le daba lugar a ello: y hecha que fuese la elección, despachase a Su Majestad por la confirmación, en conformidad de la real cédula, pues era cierta la venia, teniendo en España deudos tan principales: con que se vino a resolver y ponerlo en efecto, Para lo cual mandó llamar algunas personas de parecer y voto, junto con los capitulares y regidores; que fueron, el capitán , el factor , los regidores y , y otros a quienes don propuso su intento. Los cuales le respondieron no haber lugar a lo que pretendía, pues no era necesario en tanto que no se supiese de la muerte del General, que en nombre de Su Majestad gobernaba la provincia, cuyo lugar teniente era él en la república; a quien todos como a tal reconocían y obedecían en todo. replicó a sus razones, diciendo que por ellas mismas estaban convencidos de hacer elección, por haber tanto tiempo que había salido a su jornada y no haber vuelto; de donde se colegía que por su muerte e imposibilidad no daba lugar a ello: y en caso que no fuese muerto se reputaba por tal, por el largo tiempo de su ausencia, para poderse hacer jurídicamente la elección. Con lo que se resolvieron a hacerla, conque ante todas cosas se desistiese don del cargo que tenía, pues de lo contrario no habría lugar para poderse hacer, ni ellos permitirían tal. Y así juntos en su cabildo, hizo luego dejación de su oficio, desistiendo y apartando de sí el cargo y jurisdicción que tenía de Su Majestad; con lo cual fue pregonado, que para tal tiempo y día, todos los conquistadores se juntasen en la iglesia parroquial para elegir y nombrar gobernador. Y llegado el día, a son de campana tañida, se juntaron seiscientos españoles con el , que era capellán del Rey, con los capitanes , , , , , , y Don , con los oficiales reales y regidores que allí había: los cuales todos, guardando los requisitos del derecho, recibían los juramentos de cada uno, de que darían su voto a la persona que en Dios y en sus conciencias entendiesen que debía gobernar la república en el real nombre. Y con esto fueron dando sus cédulas y nominaciones: y metidas en un vaso fueron sacadas y conferidas por los capitulares; y regulada por ellos, hallaron tener más votos que otro ninguno el capitán , caballero de mucha calidad y suerte, natural de Sevilla, a quien luego eligieron y recibieron por capitán general y justicia mayor de aquella provincia. Y hecho el juramento y solemnidad que en tal caso se requería, tomó en sí la real jurisdicción, y administró justicia en nombre de Su Majestad: de lo cual don quedó muy sentido y avergonzado, por ver le había salido tan incierta su pretensión. Y tomando sobre el caso su acuerdo con algunos de sus amigos y aficionados, convinieron en que la elección de era nula, y de ninguna fuerza y vigor, por no haberse podido hacer conforme la cédula de Su Majestad durante el que gobernase, y el que por su fin y muerte quedase: que hablando en propios términos él era a quien se debía obedecer por el oficio que tenía, y le había sido dado por el general : no obstante el haber hecho dejación, que para ser jurídica había de ser en manos de superior, y de quien le pudiese proveer; y pues el ayuntamiento ante quien lo hizo no lo era, todo lo hecho y actuado en esta elección era en sí ninguno. Con estos y otros pareceres se determinó a tornar a recobrar el uso y administración de su oficio; para lo cual juntó todos sus amigos y aliados para prender al capitán : lo cual sabido por él, juntó con toda diligencia la más gente que pudo, e yéndose con ella a casa de , todos armados y puestos en buen orden, llegaron donde él y los suyos estaban, y poniéndole cerco, le acometieron por todas partes. Y entrando a fuerza en sus casas, le hallaron solo y desamparado; porque luego que vieron los que lo hacían, que venía con toda la gente, lo desampararon, salvo unos pocos de más obligaciones que quedaron con él, los cuales fueron presos con él. Y procediendo por vía de justicia contra , el capitán y sus acompañados, fue sentenciado en que le fuese cortada la cabeza públicamente: cuya rigurosa sentencia le fue notificada, y sin embargo de su apelación, fue mandado ejecutar: y habiendo hecho todas las diligencias posibles por excusar su muerte, ofreció dos hijas que tenía, una a , y otra a , para que se casasen con ellas. Y ellos le respondieron, que lo que le convenía era, componer su alma y disponerse a la muerte, y dejarse de aquellas cosas, porque no era tiempo de ellas; con otras palabras desenvueltas y libres, como de personas que estaban llenas de pasión. Lo cual visto por él, acudió a lo que debía, al ser de cristiano y de caballero. Ajustando su conciencia, legitimó a sus hijos, y , y , los cuales hubo en uña noble señora llamada Doña , con quien casó en el artículo de la muerte; mandando a sus hijos fuesen siempre leales servidores del Rey, que en ningún tiempo fuesen contra él. Y acabado esto, le sacaron al cadalso rodeado de gente armada, que estaba a la puerta del capitán donde con gran lástima de los que le vieron, por ser un caballero venerable y de tanta calidad, fue muy llorado; y él con un semblante grave y sosegado habló a todos los circunstantes, dando algunas satisfacciones de haber venido a aquel punto, atribuyéndole a justo juicio de Dios, por haber en tal día como aquel, muerto en España a su mujer, a los criados de su casa, y a un clérigo, compadre y capellán suyo, por falsas sospechas que de ambos tenía; y así dijo permitía Dios Nuestro Señor pagase esto con su muerte, por mano de otro su compadre, que lo era el verdugo llamado el Sardo, por ser natural de Cerdeña.

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