La Argentina Manuscrita

Capítulo VII

De una entrada que hizo , hasta los confines del Perú, de donde despachó al de la , ofreciéndose al real servicio

Habiéndose ocupad , de las otras naciones australes; e yendo de este paraje haciendo sus jornadas, subió el río arriba hasta el puerto de los Reyes y pasando de allí a la isla de los Orejones, llegó a los pueblos de los indios , y , que es la gente de más policía de estas provincia, como ya tengo apuntado. Las mujeres se labran todo el cuerpo hasta los rostros, con unas agujas, picándose las carnes, haciendo en ellas mil labores y dibujos con guarniciones en forma de camisas y jubones con sus mangas y cuellos; con cuyas labores, como ellas son blancas, y las pinturas negras y azules, salen muy bien. Está poblado el río de esta gente, de una y otra banda; hacia el Poniente reside su cacique principal, llamado , que viven en casas muy abrigadas, redondas y cerradas a hechura de campana: cúbrenlas de muy tejida empleita de paja. De aquí envió el general Irala a , les salieron de guerra, y tuvieron una muy reñida pelea, y desbaratándoles e informándose de algunas particularidades de aquel territorio, les dieron noticia de un poderoso río que corre del Sur para el Norte, al contrario del de la Plata, y juzgaron ser el Marañón uno de los mayores de las Indias, el cual sale a la vuelta y costa del Brasil en el primer grado de la equinoccial. Supo también de estos indios y : y así se determinó llegarse a ellos; y caminando para allá, arribaron a un río llamado Guapas, que es uno de los principales brazos del Marañón, y pasando adelante, entraron en dichos pueblos, que estaban a las faldas de una serranía cercana al Perú. De estos indios fueron muy bien recibidos por ser gente amigable, doméstica y grandes labradores: aquí se hallaron muchas muestras de plata y oro. Había entre esta gente algunos indios del Perú que dijeron ser , del se informó el General de las diferencias y revoluciones que en el Perú tenían los españoles con la tiranía de tan buena cuenta de lo que les había dado a guardar el General, que más no pudo ser, mostrando en esto gran fidelidad. Entendido por los del campo las revoluciones que había en la Asumpción, suplicaron a fuese servido de tornar a tomar el gobierno, y remediase los escándalos y alborotos en que estaba la república: pues teniéndola él a su cargo, reprimiría tan grandes excesos, reduciéndolos a todos a una universal paz y quietud. Y de tal manera lo persuadieron, que hubo de aceptar, haciendo todos el juramento y pleito homenaje de le obedecer y servir en nombre de Su Majestad y así bajaron con mucho gusto.

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