La Argentina Manuscrita

Capítulo III

De la entrada que hizo el Adelantado por el puerto de los Reyes, y de algunas discordias y sucesos

Acabada la guerra de Tabera con tan buen suceso, estaba el Adelantado muy obedecido y respetado de los indios de la tierra, aunque muy encontrado con los oficiales reales de Su Majestad, a causa de querer ellos tener tanta mano en el gobierno, que pretendían que el Adelantado no hiciese cosa en él sin su parecer: dando por razón, así lo mandaba Su Majestad, a lo que él respondía no tener necesidad de consultarles nada, en razón de cosas menores y ordinarias, porque de otra manera sería discernirles el oficio para que fuesen ellos los gobernadores y no él; y así andaban con requerimientos con que cada día, se encontraban, llevándolo el Adelantado con más sufrimiento de lo que su reputación convenía, por no venir a rompimiento y conseguir sus intentos. No obstante estas diferencias, resolvieron todos de conformidad, se hiciese una entrada para descubrir si se hallasen algunos minerales de los que tenían noticia; para cuyo efecto mandó el Adelantado prevenir 400 soldados con sus capitanes, que fueron, de los ya prácticos: . Fue a esta jornada el contador , donde los , que están a mano izquierda, y en los que llaman , que están a mano derecha sobre el río del Araguay, con los cuales tuvieron comunicación: y pasando de esta comarca, llegaron a reconocer aquella tierra que llaman el Paraíso, donde partido el río en dos brazos hace aquella gran isla de tanta amenidad, como de ella y sus calidades tengo referido. Y vista por los españoles, y la afabilidad de los naturales, desearon mucho poblar en ella, aunque no se pudo acabar con el Adelantado, por tener la mira puesta en el descubrimiento occidental, y noticia que tenía de las riquezas del Perú, y así les decía: «Señores, corramos la tierra, y descubramos lo que hay en ella, que después se tomará asiento donde más convenga, y no nos prendamos luego a la primera vista». Y con esto comentó a ser aborrecido de muchos, en especial de los ya antiguos que ya tenían en la tierra algunas raíces; y así fue corriendo su viaje por aquel río, hasta que llegó a tomar el puerto de los Reyes, en el cual toda la gente desembarcada, dio orden en lo necesario para su entrada; y partido en compañía de los capitanes, dejando en guarda de los navíos a su primo, , que cada día inquietaban a aquella República, haciéndole muchos asaltos, así en el servicio, como en los indios amigos y chácaras: para cuyo remedio salió en persona con 300 soldados y 1000 amigos; y estando informado donde estaban recogidos, se fue a largas jornadas a ponerse sobre ellos, que era un lugar muy acomodado, porque tenían por frente el río del Paraguay, y por espalda una laguna que aislaba el sitio, y no más de una puerta en que tenían un baluarte de madera muy fuerte. Y reconocidos por el Adelantado los sitios, comenzó a batir, mandando que en este mismo tiempo pasasen a nado los amigos la laguna, y entrasen con gran denuedo a tornarles el sitio y hacerles todo el daño que pudiesen: con cuyo buen efecto los españoles entraron con facilidad, rindiendo a, los indios, y llevándolos a fuego y sangre, aunque los de dentro vendían muy bien sus vidas, peleando con valor. Al fin, matándoles mucha gente, y prendiendo los más que pudieron ser habidos, fueron ajusticiados los más culpados, y el resto se trajo a poblar a cuatro leguas de la Asumpción reduciéndolos con otros indios más benévolos, llamados . Con lo cual se volvió el Adelantado muy gozoso, aunque enfermo de unas cuartanas que días había le traían desasosegado: todo lo cual pasó el año de 1542, con lo demás que en este capítulo se ha dicho.

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