La Argentina Manuscrita

Capítulo II

De lo que hizo el Adelantado después que llegó este puerto y de lo sucedido en la tierra

Luego que fue recibido el Adelantado y su gente con el mayor aplauso que se ha dicho, y visto y examinado las provisiones y cédulas reales, por los capitulares y demás personas fueron obedecidas y cumplidas en todo: y habiéndose dado orden al hospedaje de la gente, se despachó un socorro de comida al resto que venía por el río con el contador , y descubriese otro de más consideración, por el cual pudiese hacer una entrada al Occidente, para poderse comunicar con el reino del Perú, como lo habían tratado en España , llegando a los indios que dicen , a cuyo puerto llamaron de los Reyes: y procurando por todos los medios posibles atraer aquella gente natural a buena amistad y comunicación, se informó de ellos del gran número de indios que por allí dentro había, con lo cual se volvió a dar cuenta al Adelantado de lo descubierto, con esperanzas de buen suceso en lo que se pretendía. En este mismo tiempo se ofreció el salir al castigo de ciertos indios rebelados en la provincia del Ipané, que tomaron las armas contra el español, cuya causa fue haber enviado el Adelantado ciertos mensajeros a un pueblo llamado , donde supo que estaba aquel hijo de , portugués, de quien arriba se trató, para que se lo trajesen, y dijesen a los indios de aquel pueblo que lo hiciesen placer de que luego se lo despachasen, con cargo de satisfacerselo. Los cuales no solamente rehusaron cumplir el mandato, antes con gran soberbia y poco respeto prendieron a los mensajeros, y al día siguiente públicamente los mataron, diciendo: así cumplimos lo que se nos envía a mandar por ese capitán: y si los españoles se sintiesen de este agravio, vengan a satisfacerse que aquí les aguardamos: cuya respuesta enviaron con uno de los mensajeros que para este efecto dejaron. Sabido por el Adelantado este atrevimiento y libertad, despachó al castigo a su sobrino con 300 soldados y más de mil amigos; y llegando al pueblo, halló que estaban juntos en un gran fuerte de madera más de ocho mil indios, y habiéndoles requerido con la paz a que se redujesen al servicio de Su Majestad, como lo habían prometido, no lo quisieron hacer antes salieron una alborada a dar en los españoles una arremetida con brava determinación, a la cual resistieron valerosamente los nuestros, matando muchos de los enemigos, hasta que se pusieron en huida. Y saliendo el con su compañía y 400 amigos a buscar comida a las chácaras más cercanas, fueron otra vez acometidos de los indios cuando ya se volvían; tomándoles un estrecho paso donde se peleó de ambas partes con gran porfía: hasta que un soldado, llamado , mató de un arcabuzazo a un indio principal muy valiente que manejaba los escuadrones; con cuya muerte desampararon el puesto y se pusieron en huida, con pérdida de mucha gente suya y nuestra: y con esto fue forzoso poner cerco al fuerte y asaltarle a fuerza, previniéndose primero de lo necesario, haciendo algunos pavesados, a cuyo amparo pudiesen llegar a las palizadas y trincheras de los indios. Y estando a pique para dar el asalto y romper las palizadas, salieron los indios por dos partes, cerrando con gran denuedo con los nuestros, ganándoles hasta llegar a la plaza de armas, donde los resistieron y echaron fuera. Mostrándose en esta ocasión con gran valor el capitán , el cual ordenó saliesen dos mangas de soldados y amigos a pelear con ellos: y ocupándoles el paso, se trabó una escaramuza muy sangrienta, en que fueron muertos más de 600 indios, hasta que con la fuerza del sol, y su calor se recogieron unos y otros, retirándose los indios a su palizada. Otro día enviaron a pedir que se les diese tres días de tregua para de liberar lo que debían hacer en razón de dar la paz: la cual se les concedió con acuerdo de todos los capitanes, por más justificar aquel negocio; tornándoles a requerir se sometiesen a la real obediencia, y que se les perdonaría lo pasado. Y visto por los nuestros que pasaba el término, y que el haberlo pedido fue para rehacerse, como lo hicieron, de mucha comida y fuerza de gente que les entró por tierra y por el río, se resolvieron a darles un terrible asalto, pasado ya el tercero día de la tregua: haciendo para el efecto dos medios torreones de madera muy fuertes sobre unas ruedas, los cuales sobrepujaban su fuerte; y hechas sus troneras para por ellas poder a su salvo jugar su arcabucería, y acabado todo, antes que amaneciese, se les dio el asalto por tres partes, porque por la del río, no hubo lugar, por estar una muy grande barranca: encargando uno de los puestos al capitán , el otro a o con sus compañías, y la parte del campo tomó ; los cuales todos a un tiempo cerraron; y llegando a la palizada, se comenzó a pelear con los enemigos que de sus trincheras se defendían, haciendo en los nuestros mucho daño, hiriéndolos y maltratándolos hasta que los torreones se acercaron a la palizada y trinchera, y arcabucearon a los indios que peleaban de dentro, con que se dio lugar a que los nuestros que iban en las pavesadas y adargas, rompiesen las palizadas con las hachas y machetes que llevaban: lo que hicieron y entraron en el fuerte con grande ánimo; y a la parte que tocó al , andaban los indios muy insolentes por haberle herido de un flechazo y muerto dos soldados; a cuyo tiempo entró por la palizada a socorrerle el con algunos soldados, ganándoles un baluarte en que estribaba toda su fuerza. Así mismo por el otro lado el capitán estaba apretado, con riesgo y dificultad de poder entrar en el fuerte, por estar de por medio un foso muy ancho, que para poderle pasar fue necesario poner unos maderos; y al tiempo que iban pasando y rompiendo la palizada para poder entrar, salieron dos mangas de indios del fuerte a impedírselo, que cerrando por ambas partes con los nuestros, les dieron una gran rociada de flechería con que quedaron maltratados. Los cuales, viendo la fuerza con que el enemigo venía, con gran denuedo revolvieron sobre ellos, amparándose de su misma palizada; y aunque perseveraron los indios de fuera y los de dentro a flecharlos, se valían de sus arcabuces y ballestas, dándoles tanta prisa que tuvieron por bien de retirarse y entrarse en el fuerte: y sabido por , que estaba a la parte del campo, bien armado con su cota, celada, y rodela, con su espada en la mano, yendo delante acaudillando sus soldados, entró dentro, matando con los suyos a cuantos encontraban. Y a este tiempo la gente de o pegó fuego a las casas cercanas al fuerte, y corriendo el incendio con gran violencia, llegaba ya cerca de una plaza donde estaba toda la fuerza de los contrarios, que con grande esfuerzo defendían las bocas de las calles; y rompiendo los nuestros por ellos, ganaron la dicha plaza matando a muchos de los enemigos, los cuales se hicieron fuertes y se pusieron a defender la casa del cacique principal, donde estaban apiñados más de cuatro mil indios, que hacían gran resistencia, sin poderlos romper nuestra gente. Hasta que llegando con su compañía por un lado, les fue apretando fuertemente; los cuales vístose tan acosados, con una rabia infernal cerraron todos juntos desesperadamente con los nuestros, matando dos soldados e hiriendo a otros muchos, se retiraron a la playa donde se ampararon de las barrancas del río; y acudiendo a ellos con los demás que le seguían, les apretó de manera que se huían por donde podían, echándose en el río, y salvándose los que podían en algunas canoas que allí hallaron, quedando muchos de ellos muertos. Y hecha esta facción con tan buen suceso, acudió al pueblo, donde todavía se peleaba con la gente que dentro de la casa del cacique la defendía, que era muy grande y fuerte; de manera que a buen rato de pelear la entraron los nuestros por todas sus puertas, matando a cuantos la defendían sin dejar ninguno a vida, andando los indios amigos en esta ocasión por todo el pueblo saqueando y matando a cuantos topaban, mujeres y niños, con tanta saña, que parecía exceso de fieras más que venganza de hombres de razón, sin moverles a clemencia tan grandes alaridos y clamor de tantos como mataban, que era en tanto grado que no se oía otra cosa en todo el pueblo. Y acabado todo, los capitanes recogieron su gente en la plaza, donde ser alojaron; y puestos en un montón todos los despojos, y traídos allí todos los cautivos que había, se repartió todo a los soldados: hallándose de solas mujeres y niños más de tres mil, y muertos más de cuatro mil: y de los nuestros solo faltaron cuatro españoles, y como ciento cincuenta indios amigos, aunque muchos heridos: con que el Señor fue servido se diese fin a esta victoria, que sucedió a 24 de julio, víspera del Apóstol Santiago, año de 1541. Luego todos los pueblos de aquella comarca vinieron a dar la paz y obediencia a Su Majestad, pidiendo les perdonasen; lo cual se les concedió en el real nombre, y en el del Adelantado, con que quedaron por entones pacíficos tal ejemplo.

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