La Argentina Manuscrita

Capítulo XVIII

Cómo juntos todos los conquistadores en el puerto de la Asumpción, los indios intentaron matarlos.

Habiendo el general Domingo de Irala entablado la república de los españoles con la comodidad y orden más conveniente que le fue posible para su conservación, hizo copia de la gente, y halló que había 600 soldados por todos, de los 2400 que habían entrado a aquella conquista con los de y españoles; y en la jornada que hizo, reducción y visita de los pueblos del Ibitirucuy y Tibicuarí, y Mondás con los del río arriba, dejándolos a todos asentados y en buena amistad, en que se conservaron hasta el año de 39, que se conjuraron contra el español, tomando ocasión de haberles hecho algunos españoles menguas, agravios y demasías; y como gente inconstante y de poca lealtad, con facilidad se dispusieron a quebrantar la fe; y así jueves santo en la tarde, digo, en la noche al tiempo que estaba para salir la procesión de Sangre; habiendo usado de una estratagema de ir entrando días antes en el pueblo en tropas, so color de venir a la semana santa a tenerla con los españoles, se juntaron más de ocho mil indios, y estando ya para dar en los españoles y acabarlos, fue Nuestro Señor servido de proveer el remedio por vía de una india que tenía en su servicio el capitán , hija de un cacique; la cual, habiendo entendido la traición, dio parte a su amo, y él con todo secreto avisó al General, y visto por él el gran riesgo en que todo estaba de ser acabados, tomó un medio muy bueno, de hacer tocar una alarma falsa, fingiendo que venían los indios sobre el pueblo, y que estaban a dos leguas no más; y que así se juntasen todos los caciques y gente, de suerte que se ordenase lo que se debía hacer. Y así se fueron juntando todos en casa del General, donde como iban llegando les iban echando mano y metiendo en prisión, sin que los unos supiesen de los otros: y cuando ya los tuvo a todos presos, fulminó proceso, y hecha la averiguación del delito, a todos los más principales de esta conjuración mandó ahorcar y hacer cuartos, dando a entender la causa porque aquella justicia se hacía: con lo cual ellos quedaron castigados, y los demás escarmentados y agradecidos. Conque de allí adelante les españoles fueron temidos y estimados de los indios, y al General en su opinión le tuvieron por hombre de valor, y juez que castigaba a los malos, y a los buenos premiaba y estimaba: y así le cobraron grande amor y obedecíanle como era justo; y en agradecimiento, a los capitanes y soldados daban sus hijas y hermanas para que les sirviesen, estimando en mucho tener por este medio deudos con ellos, y así les llamaban cuñados, como se ha quedado hasta ahora este lenguaje entre ellos. Tuvieron de las mujeres que les dieron los naturales a los españoles muchos hijos e hijas, a los cuales criaron en buena doctrina y policía, y Su Majestad ha sido servido de honrarlos, haciéndolos encomenderos, y ocupándolos en cargos honrosos y preeminentes en aquella provincia; y ellos le han servido con mucha fidelidad, con sus personas y haciendas, y con los otros españoles y españolas que después vinieron, y se dirá adelante: con que se ha aumentado y amplificado la real corona. Porque el día de hoy ha llegado a tanto el multiplico y procreación, que se han fundado en aquella gobernación de sola aquella ciudad, ocho colonias de pobladores, correspondiendo todas a la antigua nobleza de donde proceden: son comúnmente de gran valor y ánimo, inclinados a la guerra y a las armas, las cuales manejan con mucho acierto y destreza; en especial la escopeta ejercitan más que otras armas: y así cuando salen a sus jornadas se sustentan de la caza, la cual matan volando las aves, a bala rasa; y es en tanto exceso su destreza, que al que no mata de un tiro, aunque sea un gorrión, es reputado por mal arcabucero. Son también buenos hombres de a caballo de ambas sillas, y por su entretenimiento doman un potro; sobre todo, muy obedientes a sus mayores, y leales con Su Majestad. Las mujeres son de buen parecer, hábiles en la labor y costura; nobles, de condición afable, discretas, y sobre todo virtuosas y honradas. Por todo lo referido ha venido aquella provincia en grande aumento, como se dirá en el discurso de este tratado subsecuente; y aquí da fin este primer libro.

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